| DESDE HUILAI CHINA: LO QUE VALE UN DEDO |
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Estaban todos de acuerdo con liquidar de un golpe el dedo, o lo que quedaba de él. No podíamos hacer mucho con él, a parte de limpiar y vendarle las heridas, enseguida vimos que se necesitaba un médico, además de que nuestro pequeño dispensario no cuenta ni con el más mínimo material de sutura, así que llamamos enseguida a los médicos del leprosario, y llegaron, después de esperar un buen rato, claro, porque tenían que subir desde el pueblo en su moto, y así como llegaron, sin tocarlo siquiera se volvieron a ir ...eso sí después de darle un tremendo rapapolvos al pobre enfermo por haberse cortado. ¿Y ahora qué? pensábamos, pues hay que llevarlo al hospital del pueblo...Otra vez a esperar que llegase un trasporte, esta vez de tres ruedas. Entre tanto le dimos de comer y le vestimos lo mejor posible...mientras los demás enfermos y sobretodo los médicos, más alterados todavía repetían el estribillo.: “que le corten el dedo...que se lo corten” Por fin llegó el sanluzhe (carromato de 3 ruedas) y nos bajamos al pobrecillo, que más que dolor lo que tenía era miedo. Con él agarrado a nosotras entramos en el hospital. Le llevábamos la mano levantada, y aunque era para que no le sangrase, al final se convirtió en un signo de victoria: habíamos logrado entrar en un hospital, como cualquier enfermo y aunque las condiciones del hospital eran pésimas, sin embargo fue tratado muy bien.(Un enfermo de lepra no es aceptado en ningún ambiente normal, ni siquiera en un hospital). Encontramos un estupendo doctor que inmediatamente le atendió y maravillosamente no sólo curo sus heridas sino que le salvó el dedo. Desde entonces su dedo se ha convertido en el símbolo de la amistad y la confianza, cada vez que nos ve levanta la mano mostrando el dedo salvado. Si se quiere hasta se puede sacar una buena moraleja de esta historia y es que un dedo por torcido y feo que sea sigue siendo parte del cuerpo, y merece todo nuestro esfuerzo, respeto y cariño. De la misma forma este paciente aunque no era demasiado estimado por su carácter, por su forma de ser, continuas recaídas en la enfermedad etc. después de que sufriera el accidente del dedo y se sintiera acogido, protegido y querido, su relación ha cambiado, es cariñoso, disponible y alegre, totalmente otro. Compartimos con todos esta historia precisamente en estas fechas navideñas, fiestas de un Dios hecho carne, y fiestas de amor al pequeño, y a lo pequeño, aunque sea en el simple gesto de un dedo. Porque hemos visto que por defender un dedo hemos encontrado un amigo. Josefina Ramón voluntaria |