| ADIÓS, LURDIÑAS (por José Mª Hernández) |
| Cuando llegué por vez primera a las tierras del norte de Mato Grosso, a las orillas del Río Araguaia, ya hace 12 años, una de las imágenes que guardo en la memoria es la de dos mujeres, una enorme –Maria de Lurdes- y otra delicada, delgadísima –que necesariamente debería llamarse Lurdiñas- que caminaban juntas en la lucha contra la lepra. Lurdes y Lurdiñas, Lurdiñas y Lurdes...siempre juntas, batallando, cuando las cosas iban bien (aquellos tiempos en los que el Dr. Jose Ramón viajaba con ellas al interior) y cuando no lo iban tanto (cuando el gobierno local dificultaba sobremanera su permanencia en la región). Pero permanecieron, son “los que se quedan” cuando los recursos, los cooperantes y demás ayudas del exterior se marchan. Lurdiñas, con o sin Fontilles, siempre tenía pacientes de lepra para examinar, familias para visitar, niños para vacunar. Callada, seria, sin carcajadas pero siempre con una sonrisa, y la casa abierta. Fue precisamente en su casa que comí tortuga por la primera vez. Fue de ella que aprendí cosas de la lepra que no están en los libros: el efecto sobre la familia, sobre la personalidad del enfermo, sobre la sociedad que lo rodea... Cuántos médicos que por Santa Teresiña pasaron le preguntaban su opinión con respecto a tal o cual paciente leproso. Por desgracia, Lurdiñas era delicada. Su corazón no llegó a esta Navidad, la abandonó hace una semana y nos dejó sin su dedicación, sin su humildad, sin su amistad. Fontilles significó para ella uno de los pocos apoyos que tuvo en su vida, una vida dura del sertão brasileiro, una vida dedicada a luchar contra esa enfermedad que en la región pocas personas se atreven a enfrentar, la lepra. Muchísimas gracias por todo lo que me enseñaste. Gracias en nombre de todos los pacientes que ayudaste a recuperar. Feliz Navidad, dondequiera que estés. Dr. Jose Mª Hernández
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